miércoles, 11 de abril de 2007

Los adultos que piensan como niños son los verdaderos inteligentes

Los adultos que se esfuerzan por salvaguardar su inocencia, luchan por alcanzar la pureza, la limpieza de su alma, la ausencia de ambición y egoísmo, se convierten en niño vestidos de mayores. Sus ojos y mirar ingenuo desconciertan a los poderoso y enfure a los sucios.

Me imagino que existe una relación muy estrecha entre niños y ángeles. Estos son los verdaderamente inteligentes porque están siempre en la realidad, sin doblez ni engaño. En la medida que nos acercamos a ellos, nosotros también podemos gozar de la realidad, que es el Amor.

El niño que crece se hace presumido, retorcido y cobarde... Engaña, miente y daña a sabiendas.

Con esto, no invito al "infantilismo" sino a la inocencia.

Muchos hablan de la madurez como una actitud "sensata" ante la vida, resignada y conformista, diría yo. Estos maduros se van adaptando a un modelo impuesto por el entorno, y van renunciando poco a poco a las verdades y convicciones que lleva en su corazón grabadas a fuego... y le inquietan; más ahora que las oculta.

Antes creían en la victoria de la verdad, pero ya no creen... Creían en las personas, pero ya no creen... luchaban por la justicia pero ahora son "realistas" y han dejado luchar de verdad. Confiaban en que, en que por encima de todo existía un poder superior que garantizaría el final feliz del mundo, pero ya no confían en ese poder... Han "madurado" y ahora sólo confían en sí mismos... Pienso que estos son los ingenuos, en el sentido peyorativo del término.

Eran capaces de entusiasmarse, y ya están de vuelta de todo.

Yo me imagina la vida como una gran aventura y estos inteligentes han aligerar su equipamiento desprendiéndose de lo único necesario, la inocencia... Ahora parece que avanzan con más ventaja por la vida, pero se muere de hambre y de sed porque la inocencia son las provisiones para el viaje.

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