miércoles, 11 de abril de 2007

Y entonces, ¿cómo distinguir a un profeta de un falso profeta?

Pienso que no se puede tomar como el criterio de mayoría. Porque una mayoría secunde ciertos mensajes no quiere decir que el comunicador sea profeta. Tal vez sea un buen vendedor de mensajes, pero ya se sabe que para vender más, hay quienes acuden al engaño o a las medias verdades.

Precisamente, pienso que los falsos profetas son más aceptados en su tiempo que los profetas, porque sus mensajes son complacientes y aduladores, e invitan a una "satisfacción existencia" aparentemente asequeble y cómoda. Y digo aparentes, pues a la postre, eso que se presentaba como "cómodo", se vuelve tremendamente incómodo.

Tampoco se puede tomar como criterio el mensaje, pues por ejemplo, tanto un profeta como un falso profeta hablarán de amor, pero en un caso será verdadero y en el otro será un engaño.

Pienso que el mejor criterio para distinguirlo será la intención del supuesto profeta. Si lo que busca es la indentificación, con la Intención de la Fuente que le creó, ese profeta no actúa en nombre propio, sino en nombre de la Fuente que ha dado origen a todo. Si por el contrario, el aspirante a profeta, tiene como intención su propia complacencia u otro interés personal, su mensaje es presumiblemente desorientador, pues tiene como origen su propio Yo que no sirve de referencia para todos, en todos los tiempos y en todos los lugares.

La dificultad radica en detectar la intención de las personas pero para esto será conveniente dedicarle otra entrada de mi blog.

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