martes, 15 de mayo de 2007

DE LAS MONTAÑAS SURGIÓ UN ARROYUELO

De las Montañas surgió un Arroyuelo pulcro y delicado que se filtraba entre las rocas. El sol impetuoso amenazaba con evaporar sus aguas trasparentes. Las Montañas colosales lo arropaban con la dureza de sus peñascos dejando transitar las gotas por sus entresijos.
Que felices se veía a los alcores con su arroyuelo subterráneo. Un día inesperado todo cambió; el Arroyuelo se hizo magno y se abrió paso entre las rocas. De los altozanos agrietados manó el agua impetuosa.
Y decían las Montañas: -¡arroyuelo, arroyuelo! ¿a dónde vas tan deprisa que desquebrajas nuestras entrañas y te alejas de repente? ¿es qué ya no nos quieres?.
Contesto el riachuelo: -me voy a los campos; a la tierra fértil de la pradera, para que germine el fruto dorado de la simiente esparcida por el Sembrador.
Las Montañas consideraban este hecho en su interior cuando en frente, a lo lejos, vieron otra Sierra que les decía: -vuestro Arroyuelo os ha dejado porque prefiere las tierras tranquilas de la llanura a vuestras crestas y cañadas.
Las Montañas al oír esto lloraron amargamente. Las lágrimas se destilaron formando un torrente que llegó hasta el Arroyo. Las aguas se apiñaron formando un río caudaloso.
Dijo el Río a las Montañas; -¿por qué lloráis?
Las Montañas contestaron: -hemos visto otras montañas que no dejaron escapar a sus arroyuelos. El agua permaneció alojada entre las peñas y las montañas pueden disfrutar de su presencia.
-Decís verdad, replicó el Río: -el agua se ha estancado, ¿pero quién se beneficia de ese agua podrida que ha perdido su frescura y cubre las colinas con su hedor. A esas montañas enfangadas nadie se acerca, ni las bestias quieren acudir a abrevar. ¿Eso es lo que queréis?.
El Río prosiguió: -Yo nací arroyuelo y tengo que marchar. Si hubiera nacido laguna me tendría que quedar y no sería agua estancada sino manantial de vida que da hermosura a la montaña y sustento a los demás.
Las Montañas dedujeron que eran unas afortunadas porque no sólo no habían dejado agua estancada, sino que tenían un Lago y un Arroyuelo.
¡Ahí está su esplendor! En que dejan manar el agua.
Por donde pasa el Río rebosante se oye decir: -¡benditas las Montañas que dan agua tan buena!.
Por fin llegó el Río al Mar fundiéndose eternamente en un abrazo perpetuo que se veía desde la luna como un hilillo que unía la inmensidad del Mar con las Montañas.

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