El Limón Ingenuo
Había una vez un hortelano muy sabio que plantó un limonero mágico que producía limones con capacidad de elegir. Era impresionante, los limones iban madurando y cada uno decidía lo que quería para su existencia. El hortelano amaba a sus limones y por eso les dió libertad. No quería limones esclavos que hiciesen lo que el quería, sino que él les indicaba que deseaba de ellos, y ellos lo hacían si querían.
Un limón fue elegido para dar sabor a una paella, y allí fue. Se entregó por entero hasta dar la última gota.
A otro limón se le pidió que se emplease en un plato de calamares pero no quiso porque era astuto: si me entrego a los calamares me gastaré y ya no me podré entregar a nada más... Mejor me reservo. Y así lo hizo, se reservo hasta que se fue pudríendo. Lo peor no fue que se pudriera, sino que contagió su podredumbre a los limones de su alrededor.
Otros limones fueron invitados a servir en un gran bote de zumo. Muchos accedieron encantados pero otros pensaron que perdían protagonismo para sus vidas. Quería llamar la atención, entonces para demostrar su poder se dedicaban a hechar gotas de su acidez en las heridas abiertas de los campesinos, así se hacían notar por su picor.
En el árbol se veía que maduraba un hermoso y jugoso limón que era la gran espectación: ¿qué plato será el afortunado que se hará con ese limón? De pronto habló el hortelano: quiero que este limón se entierre bajo tierra.
Nadie entendía nada, parecía una gran injusticia: ¿por qué el hortelano crea tan maravilloso limón y luego le pide que se entierre? ¡qué desperdicio! El hermoso limón tampoco entendía nada, en el árbol ya se había estado haciendo ilusiones sobre cual sería su misión pero nunca pensó en un final tan inutil y deslucido. No obstante, aunque no entendía nada, confiaba plenamente en el hortelano y sabía que sólo sería un limón feliz si decía que sí a su creador.
El limón se tiró al suelo y se enterro. Pronto todo el mundo se olvidó de él pero pasó el tiempo y de pronto, todos vieron como, en el lugar donde se había enterrado el limón, germinaba un nuevo limonero mágico...
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