miércoles, 9 de mayo de 2007

La fuerza de la convicción es mansa

Después de observarlo y pensarlo detenidamente, he llegado a la conclusión que cuando actuamos con violencia siempre es a cauda del miedo. El amor nunca mueve con vilencia, sino con fuerza.
Tampoco me convencen algunos planteamientos de "no-vilencia" que transigen con la injusticia. Esa "no-violencia" es indiferencia. El amor verdadero lleva a comprender y perdonar a los injustos y a luchar con fuerza (no con violencia) por la justicia.
Comiendo hoy en mi facultad, un profesor nos hacía ver el instito destructor que alienta al socialismo vigente; estos "demócratas" piensan que para alcanzar una nueva sociedad de justicia y paz, primero hay que destruir lo antiguo para construir lo nuevo. Paradógicamente, muchos socialistas que se han forjado un buen patrimonio ceden pronto en esta lucha por la justicia, y todo su instinto destructor, lo ponen al servicio del más recalcitrante individualismo patrimonial, conjugandolo con el instinto de conservación más elemental y al que, supuestamente, se oponen.
Pienso que si hay algún instinto que nos diferencia del resto de animales, no es el de destrucción, ni el de conservación, sino el instinto de donación... El amor humano es una fuerza que destruye el miedo y conserva la paz, la alegría y la inocencia.

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