miércoles, 2 de mayo de 2007

Salir del engaño

A nadie le gusta resultar engañado, pero ¿y si cuando eras pequeño te dijeron la verdad? (Aunque tal vez, en el peor de los casos, con palabras desafortunadas, con un aire poco didáctico o lo que quieras racionalizar en tu cabeza…). ¿Y si el engaño lo estás recibiendo ahora por unas vivencias mal vividas?
Perdona que te sea tan directo pero debo decirte que posiblemente hayas caído en la trampa del “glamour”, del aparente triunfo interpersonal, y cada vez vas asumiendo cargas más insoportables, y no me refiero simplemente al tabaco u otras dependencias. Me refiero a esos apegos que te tienen atado porque tienes que mantener un determinado estatus, porque quieres que hablen siempre bien de ti y no soporta que lo hagan mal… Y te comportas de lo más artificial porque debes compaginar la necesidad de sentirse acogido, con la necesidad de tener razón, de ganar a toda costa, de que los otros te vean como alguien admirable… ¿a qué estás jugando? ¿Qué estás construyendo? Y luego dicen que cada vez hay más crisis de los 40 años…, bueno, de los 40, de los 50…. Y hasta que se decidan a salir de su engaño.
Cuando te des cuenta del engaño y salgas de la tela de araña que tu mismo te estás tejiendo, te liberarás de tu ego, de tu vanidad, de tus miedos y estarás en condiciones de escuchar con claridad esa inspiración que viene de tu Fuente (Dios, Creador, Padre Misericordioso, Energía Cósmica, Yahvé, Alá, Ser, Amor… a efectos de este artículo da igual) y que es realmente el que te entusiasma, y siempre te ha entusiasmado, porque siempre ha estado dentro de ti, aunque por ignorancia, miedo, inconciencia o debilidad lo hayas ido tapando.
Perdona que te abra mi alma, pero al escuchar con nitidez mi música interior (la voz de mi conciencia o lo que yo entendía que era la inspiración divida; la Intención de Dios para mi vida, su voluntad para mi) y decidirme a bailarla con un “sí, quiero” se me ha revolucionado la vida, y paradájicamente, ahora puedo gozar de cotas de amor y paz interior que nunca había podido imaginar que se podían alcanzar, sencillamente, manteniendo en todas las circunstancias de mi vida el “sí, quiero”. Así de ingenuo es este baile. ¿Quieres aprender a bailarlo tú y enseñárselo también a tus hijos? ¿O prefieres no ser un ingenuo y seguir un baile más audaz, no tan confiado, para ti y los tuyos? Me podrías decir: Hombre, todo esto está muy bien, pero es demasiado arriesgado. No puedes fiarte plenamente. Siempre debes tener algún seguro por si acaso… Te das cuenta, estás demostrando que no te mueve del todo el amor, sino que tienes tus reservas de miedo y te paraliza, te atenaza, y así, nunca podrás encender la llama de amor vivo que llevas en tu corazón.
Paradójicamente, el ingenuo es el audaz, el que asume riesgos y disfruta la vida. Y el audaz es el ingenuo que ve como se le escapa la vida tratando de que no se le escape.
Si al leer estas palabras empiezas a sentir inquietud o incluso miedo, es una buena señal, estás dando pasos hacia el misterio de tu vida, y digo con Juan Pablo II: “No tengáis miedo”, abrid las puertas de par en par.

No hay comentarios.: