miércoles, 2 de mayo de 2007

Ser un Niño de Verdad

Ojo, yo no soy un oráculo y no puedo decirte como tienes que montar tu vida. Sólo tú podrás saber cual es la música que suena en tu interior, y aquí, lo que trataré de ayudarte es que la encuentres y así estés en disposiciones de invitar a muchos otros a que la encuentren también.
Una de las cosas buenas de la vida es descubrir por uno mismo el verdadero significado de las cosas. No hay nada pero que tener a alguien gritándote qué debes hacer contigo mismo o con tu existencia. Elige que tipo de existencia quieres vivir porque aunque, luego quieras enseñar otra cosa a tus hijos, ellos aprenderán fundamentalmente lo que tú vivas, no lo que simplemente le argumentes.
Lo fundamental para escuchar tu música interior es que tengas ojos y mirar ingenuos. Debes ser receptivo y estar abierto para escuchar y notar la inspiración que fluye en tu interior. Tú si sabes lo que percibes en tu interior y entonces sí eres tonto de remate si te engañas.
Cuando hablo de adultos ingenuos, no me refiero a la ingenuidad tan semejante a la inocencia de los niños, que les lleva a asombrarse ante las primeras realidades con las que se encuentran. Me refiero a esa cualidad que nos permite encontrar la Intención del Creador en las criaturas con auténtica libertad interior.
Sin ingenuidad, somos incapaces de captar la alegría que nos rodea, la paz, la bondad, la belleza, el amor… Un niño que llora en la consulta de un médico, una anciana que muestra las fotos de sus nietas en el parque, la puesta de sol mientras permaneces con tu coche atascado en la calle 30 de Madrid… Una sonrisa, “¡me has ganado, enhorabuena!”, una flor, “usted primero”, “te ha salido bien”, “déjalo, “ya lo hago yo”, una caricia, “creo que él sería más idóneo, está mejor preparado”, “perdón, lo he roto yo”, “no sé en que estaba pensando, no volveré a hablarte así”, “es maravilloso que tú existas”, “para ti lo mejor”…
Esta mañana disputé una carrera popular en el Distrito de Retiro. Sólo eran diez kilómetros pero estaba poco entrenado y quise ir a tope. El hecho es que el la última cuesta iba muy mal y de pronto vi a un tipo que subía a buen ritmo, y hoy en mi interior: “pégate a él”. Así lo hice, apreté los dientes y le seguí y fuimos adelantando a la mayoría de los corredores que estaban por la zona. Llegamos a un llano y seguí su estela y me fui recuperando en la siguiente cuesta mi improvisado gregario se hundió un poco y vi que era el momento de subirle yo a él. Me pongo delante para que siguiera mi estela pero cual es mi sorpresa que se lo toma como un pique personal. Piensa que me quedo justo delante de él porque no puedo tirar más, al llegar arriba me pega el tirón y me deja…
Al llegar a la meta, me lo encuentro por allí, me acerco, me mira con sorpresa y no se espera que le agradezca que me ayudara a subir la cuesta… Se ríe y entiende lo sucedido, pues me explica que había pensado mal, pensó que me había estado aprovechando de él y que no iba a permitir que encima le ganara… Quedamos como buenos amigos y se nota que es un buen hombre.
Como estas anécdotas me ocurren a decenas todos los días, sencillamente porque lo primero que le ocurre a muchas personas es desconfiar de las intenciones: “si me ayuda es porque quiere algo de mi”…
Si alguien no se fía, es sencillamente, porque teme que alguien de pueda hacer daño. No se atreve a manifestarse tal cual es, con nobleza por miedo a perder lo poco que tiene. “Más vale malo conocido que bueno por conocer” Este refrán lo hizo una persona realista (conformista y astuta).
Los astutos calculan, buscan lo que les interesa y anhelan lo que ellos piensan que podría ser mejor para ellos… El ingenuo, vive en las manos de Dios, y se fía de su intención.
El astuto piensa: “ ‘el ladrón piensa que todos son de su condición’. Por tanto, te dicen que seas bueno y sirvas a los demás por amor a Dios, pero eso no lo hace nadie” y así, no cree que exista nadie tan ingenuo como para dar su vida por Dios a los demás… “seguro, que tiene trampa por algún sitio… haber por donde encontramos la corruptela”, “es imposible que haya personas que vivan la castidad, y menos en medio del mundo; ¡es imposible”… “Seguro que todo el mundo utiliza preservativo y se la van dando de cristianos”.
Pues bien, allá con tu “astucia”, yo sólo te puedo decir que si quieres disfrutar enseñando a tus hijos a bailar con la vida, deberás practicar la cualidad de la ingenuidad.
Y me podrías decir: “pero mira lo que le pasó a MACARIO con su proyecto. Fue un ingenuo y así le fue”. Primero, no fue tan ingenuo, pues su reacción no fue la propia de un ingenuo, sin embargo, estoy contigo en que la ingenuidad tiene sus riesgos pero también es un riesgo ser libre y por eso no vamos a dejar de serlo.
Es verdad que al ingenuo se le puede engañar con gran facilidad pero a Dios es imposible. Por tanto, si el ingenuo sufre el engaño entra dentro de la intención de Dios, luego será bueno para el ingenuo que lo vive con paz y alegría como cosa quería por Dios. Si el engaño no es querido por Dios, ya se las arreglará Dios para inspirar al ingenuo y desmontar el engaño de la forma más ingenua…
Sólo un ingenuo es capaz de esmerase en amar sin medida, sirviendo a los demás, sin preocuparse de que su acción pueda levantar envidias, o de que alguien se sienta herido por su magnanimidad de espíritu. El ingenuo saluda a derecha e izquierda sin prisas y sin preocuparse por si su actitud pudiera levantar sospechas o molestar a alguien.
Un ingenuo no es un adulto niñoide. Al contrario, sólo alcanza la ingenuidad quien ha pasado por “la noche oscura” de la que hablaba San Juan de la Cruz. O al menos, por una vida de penas, fatigas e incomprensiones, de éxitos y aparentes fracasos, de ilusiones, de alegrías, de llantos, sin devolver mal por mal, sin cargar su interior con rencores, sin dejar de rezar por quienes no le comprenden.

Los padres ingenuos son los auténticos sabios de la educación. Los que sabrán enseñar a bailar a sus hijos en la vida porque les enseñan a no pensar nunca mal de nadie y siempre permanecen alegres porque no sufren sospechando de los demás.

Los padres ingenuos viven se esfuerzan por vivir la virtud de la castidad y saben que es la intención de su creador el vivirla, y así la enseñan a sus hijos, viviéndola en un ambiente de pudor y naturalidad en el hogar.

No hay comentarios.: