viernes, 23 de noviembre de 2007

El Vino de Amor se hace con uvas libres

La vid dio unos frutos sabrosos, pues los sarmientos supieron permanecer fieles a su cepa. Otros sarmientos sin embargo, eligieron separarse y se perdieron arrastradas por el viento, enredándose entre zarzas y espinos; un agitado viaje que no produjo frutos.
Los sarmientos subordinados a la vid pronto florecieron y dieron mucho frutos de libertad, puesto que las uvas podían elegir cual sería su destino. De entrada todas se dejaban recoger por las manos del viñador y saludaban orgullosas por su extraordinaria presencia.
De pronto, el cesto llega hasta el lagar. Unas se bajan del cesto por el traqueteo del traslado y huyen, todas las demás uvas siguen dentro del cesto que de pronto se vierte precipitando todos los frutos hacia el fondo del lagar. Muchas se asustan y el viñador las deja marchar, porque sabe que sólo las uvas libres producen el Vino del Amor. Otras siguen valientes pero se indignan diciendo: ¿por qué nos esconde aquí, a nosotras unas uvas tan preciadas?... y también se fueron en busca de su fama. Otras se removían de impaciencia y de miseria pero allí seguían fiados del viñador. Al tiempo, unos pies descalzos comenzaron a pisarlas... ¡horror!, ¡maldición!, ¡el viñador se ha vuelto loco!. Después de cuidarnos con primor, ¿cómo puede ser tan cruel para estrujarnos? Muchas otras también se fueron porque dejaron de creer y su experiencia les hizo pensar que habían sido engañadas y se resintieron decidiendo invertir el resto de sus días en humillar al viñador como ellas habían sido humilladas...
Las uvas que quedaban, sufrían y sangraban hasta dejar de ser uvas aisladas y pasar a ser un mismo mosto... Después de un largo proceso las uvas al fin, se convirtieron en Vino de Amor que es lo único que se bebe en la Fiesta Eterna.

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