miércoles, 18 de abril de 2007

El carruaje autosuficiente

Hace mucho tiempo existía un majestuoso carruaje que era la envidia de la comarca. Todo el pueblo hablaba del carruaje pero nadie lo quería porque no se movía y era demasiado orgulloso para pedir ayuda a un vulgar caballo.
El carruaje, llegó a la conclusión de que debía pedir ayuda e hizo un acuerdo con un bello caballo. El caballo comenzó a tirar del carro y se convirtieron en la gran atracción de la feria. Sin embargo, el carruaje se sentía molesto porque el caballo iba por delante. Deseaba que le impulsara pero deseaba que el caballo fuese por detrás. El caballo se negó...
El carruaje se volvió a quedar inmóvil, ningún caballo estaba dispuesto a empujar y mientras estaba perdiendo popularidad.
Hante tal situación, el caballo decidió contratar a un burrito. El inocente animal comenzó a empujar y el carruaje comenzó a andar. La imagen era llamativa: ¡un carruaje que anda sólo!, pero llegó un momento en que el burrito no pudo más, su cuello se llenó de heridas y rozaduras, y lo tuvo que dejar. El carruaje se sintió traicionado e incomprendido porque nadie le ayudaba como él quería. Al final, el carruaje fue comprado por un granjero que lo utilizó como corral para sus gallinas y al burrito inocente lo adquirió para mover la noria y regar sus campos. Tan fuerte estaba el burro que el granjero montaba en su lomo a sus hijos y como era tan manso, los niños jugaban con él. El burro era muy feliz y el carruaje estaba indignado.

La lata de hojalata



Había una vez un lata que lo dió todo estaba orgullosa de su incomiable labor en la vida, pero de pronto se sintió vacia e inutil... Su vida había dejado de tener sentido. Por un momento pensó que nunca debió haberse vaciado, ¿pero qué sentido hubiera tenido conservar el contenido hasta que caducara? eso sí que es contraproducente, podrirse por dentro y permanecer hediondo.


De pronto, el jardinero entró en la cocina buscando algo don de colocar sus flores preciosas. Vió unos recipientes extraordinarios y de gran valor pero estaban llenos de sí mismos... Al final, se encontró con la lata vacia y pensó que era ideal, pues el contraste de su simpleza haría destacar aun más la hermosura de las flores. La lata inutil se convirtió en el soporte de las flores más hermosas y pasó de una oscura despensa a un lugar privilegiado de la casa.