Encuentros que marcan la vida
Los discípulos de Emaús miestras regresaban tristes a casa, se encontraron con un desconocido que les habló un rato y les hizo "arder el corazón". Por muy interesante, estimulante y atractivo que hubiera sido ese desconocido, si no le hubiesen invidado a su casa, no habrían descubierto que era Jesús. Hubieran pasado un rato agradable y esperanzador, mientras caminaban pero sus vidas hubienran seguido vacías al perder al Amor.Mucha gente a lo largo de la historia, y en su propia vida se ha encontrado cara a cara con Jesús, incluso han sentido como su corazón ardía, pero no se atrevieron a invitarle a su casa. Para muchos resulta insufrible poner cara a cara a Jesús con la intimidad del hogar, con las propias miserias y tesorillos.
Tenemos que atrevernos a decir: "Confío en ti y me entrego: no quiero tener secretos para ti".Cuenta Henri Nouwen, en su libro "Con el corazón en ascuas":
"Guardo grandes recuerdos de los encuentros con aquellas personas que han hecho arder mi corazón y a las que, sin embargo, nunca invité a mi casa A veces el encuentro tiene lugar durante un largo viaje en avión, otras veces en un tren o en una fiesta. Después les cuento a mis amigos: 'No vais a creerme, pero he conocido a una persona absolutamente fascinante. Decía cosas tan extraordinarias que yo no daba crédito a mis oídos. Parecía como si me conociera desde hacía mucho tiempo. Una persona verdaderamente especial, única, asombrosa... ¡Ojalá la hubierais conocido! Pero se marchó, no sé adónde...'".