Lo que pienso de la violencia
Para muchos, la violencia es una manifestación de poder y de fuerza, sin embargo, pienso lo contrario, quien accede a la violencia es porque no tiene poder para encontrar otra vía, ni fuerza interior para dominar el miedo y la frustración.
Con esto no quiero defender el apocamiento, la cobardía o la renuncia de los propios derechos para evitar la crispación. Sencillamente, hago una distinción entre la violencia y la fuerza.
Los fuertes son los que crean a contracorriente y los violentos son los que, en las mismas circunstancias se limitan a destruir.
Soy plenamente contrario a la violencia que desatruye el mundo y a las personas y defiendo la fuerza indispensanble para construir.
Soy contrario a la violencia, pero tampoco comparto plenamente los principios de la "no-violencia" como arma para derribar al enemigo, apelando a su compasión o ternura.
No quiero rebelarme airadamente contra la injusticia, pero tampoco me quiero resignar, permitiendo que se extienda el mal.
La violencia, en algunos casos, puede que busque la justicia pero su origen es el odio, el rencor... y desde ahí, no se llegará nunca a la justicia, al contrario, se crean nuevas injusticias.
Pienso que a veces, habrá que apelar a la fuerza para que reine al justicia, pero es distinto a la violencia. El violento pone de manifiesto sus limitaciones humanas, sin embargo, el fuerte manifiesta grandeza de ánimo, presentando con suavidad su fortaleza interior.
Sirvan de ejemplo personajes como Tomás Moro, Pablo de Tarse, Martin Luther King, que respondían a la violencia, no con violencia ni con pasividad, sino con fuerza.
En este sentido, no me convencen las personas que en nombre de Dios incitan a la violencia, ni tampoco las que invitan a separarse del sufrimiento humano para encontrar la paz, transigiendo con la injusticia. Pienso que no se puede aspirar a la transformación del "yo" permaneciendo indiferente al "tú".
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