miércoles, 9 de mayo de 2007

Libertad para servir

"Si de veras deseáis servir a vuestros hermanos, dejad que Cristo reine en vuestros corazones, que os ayude a discernir y crecer en el dominio de vosotros mismos, que os fortalezca en las virtudes, que os llene sobre todo de su caridad, que os lleve por el camino que conduce a la «condición del hombre perfecto» ¡No tengáis miedo a ser santos! Esta es la libertad con la que Cristo nos ha liberado", Juan Pablo II




"Dormía, y soñaba que la vida era alegría.
Desperté, y vi que la vida era servicio.
Serví, y vi que el servicio era alegría."

Rabindranath Tagore

La fuerza de la convicción es mansa

Después de observarlo y pensarlo detenidamente, he llegado a la conclusión que cuando actuamos con violencia siempre es a cauda del miedo. El amor nunca mueve con vilencia, sino con fuerza.
Tampoco me convencen algunos planteamientos de "no-vilencia" que transigen con la injusticia. Esa "no-violencia" es indiferencia. El amor verdadero lleva a comprender y perdonar a los injustos y a luchar con fuerza (no con violencia) por la justicia.
Comiendo hoy en mi facultad, un profesor nos hacía ver el instito destructor que alienta al socialismo vigente; estos "demócratas" piensan que para alcanzar una nueva sociedad de justicia y paz, primero hay que destruir lo antiguo para construir lo nuevo. Paradógicamente, muchos socialistas que se han forjado un buen patrimonio ceden pronto en esta lucha por la justicia, y todo su instinto destructor, lo ponen al servicio del más recalcitrante individualismo patrimonial, conjugandolo con el instinto de conservación más elemental y al que, supuestamente, se oponen.
Pienso que si hay algún instinto que nos diferencia del resto de animales, no es el de destrucción, ni el de conservación, sino el instinto de donación... El amor humano es una fuerza que destruye el miedo y conserva la paz, la alegría y la inocencia.

toda revolución social será moral o no será, Péguy

Estamos un socialismo que, de buena o mala fe (no juzgo), practica una política permisiva en lo moral, que contribuye al desinteres por la interioridad de las personas y a la mercantilización (prostitución) en las relaciones personales. En esto se da la mano con el sector sucio del capitalismo, que con tal de obtener cuanto más cuantiosos beneficios económicos, transigen y pasan por todo.
Ceder en lo moral para hacer progresar a la sociedad, es como vender el coche para comprar gasolina.


Con el pretexto de agilizar soluciones de graves problemas sociales, se apela al aborto, a la autanasia, a la igualdad entre matrimonio y unión entre persones del mismo sexo... pero no me parece que ganemos en libertad por tener posibilidad de acceder a más opciones, basta con poder acceder a las buenas, y estas como la familia, no se están favoreciendo, pues no se establece la familia o la amistad mediante relaciones mercantiles, sino por medio de la donación de sí mismo.
La libertad radica en aceptar nuestra propia condición humana y decir sí a nuestro fin en el amor.

"Prefiero ser pobre en un Imperio rico, que rico en un Imperio pobre", Herodoto

Me identifico plenamente con esta afirmación. La sociedad debe facilitar a cada persona lo suficiente para llevar una vida digna y en la medida en que todos nos ponemos al servicio desinteresado al bien común prosperaemos juntos. Por el contrario, los rico resultantes de una sociedad pobre suelen conseguirlo por medio de la injusticia, la codicia y apetencia de lo ajeno. Además, cuanto más miseria rodea al rico, más desasosegado, y temeroso a ser traicionado, estará .
Pienso que la persona se realiza en la libertad, y quien aspira a la riqueza material individual, por encima del bien común, piensa que la encuentra en su capacidad de autosuficiencia. Cuanto más riqueza, más independencia, más poder de elección... ¿más libertad? Pienso que no, la libertad del hombre no está en sus posibilidades de elección, sino en elegir amor.
La persona que tiene posibilidad de entregarse a su comunidad y lo hace de la forma más oportuna y deseada, ese es auténticamente libre. Quien no es capaz de dar nada, sino al contrario, se apodera de lo que no es suyo, es esclavo de su propia miseria interior.
Dijo Mounier que: “La gran prueba de nuestro tiempo, es evitar la dictadura de los tecnócratas, tanto de derecha como de izquierda, que olvidan al hombre por la organización.”
Como Mounier, no hago una apología del colectivismo como alternativa al invidualismo, sino que aspiro a un sistema que ponga la prioridad en la persona.